martes, 3 de noviembre de 2009

Esperando a Godot



El pasado 27 de noviembre de 2008, estudiantes de la Facultad de Teatro de la Universidad Veracruzana (UV), presentaron en Villahermosa, la obra "Esperando a Godot", perteneciente al teatro del absurdo, que fue escrita a finales de los años 40 por el Nobel de Literatura Samuel Beckett, y publicada en el año de 1952.

En su momento, el actor Hiram Contreras Vázquez, quien da vida a uno de los personajes más controversiales, expresó que la adaptación de este clásico fue realizada por el Dr. Giles Hogya, un director que ha demostrado su profesionalismo en diversos escenarios del mundo. “Esperando a Godot nos habla de la desesperanza por la búsqueda de algo que nunca llega en el escenario de desolación que dejó la Segunda Guerra Mundial en Europa”, refirió.

El personaje Pozzo, agregó, es el prototipo del abuso de poder que se encarna en diversas instituciones y personajes de nuestra sociedad, “es la capacidad de sentirse dueño de algo que no es, de una falsa seguridad que se cree tener cuando realmente se es una persona insegura”.

La obra se divide en dos actos y en ambos aparecen dos vagabundos que originalmente se denominan Vladimir y Estragón -aunque en esta adaptación se hacen llamar Didi y Gogo-, quienes esperan en vano junto a un camino a un tal Godot, con quien argumentan tener alguna cita. El público nunca llega a saber quién es Godot o qué tipo de asunto han de tratar con él. En cada acto aparecen el cruel Pozzo y su esclava Lucky.

Intencionalmente, la trama no tiene ningún hecho relevante y es altamente repetitiva, simboliza el tedio y la carencia de significado de la vida humana, tema recurrente del existencialismo. Una interpretación popular del misterioso personaje Godot es que representa a Dios, aunque Samuel Beckett siempre lo negó.

Como nombre propio, Godot puede ser un derivado de diferentes verbos franceses. Beckett afirmó que derivaba de “godillot”, que en jerga francesa significa “bota”, por lo que el título podría entonces sugerir que los personajes están "esperando a la bota", es decir “la nada, la futilidad”.




sábado, 24 de octubre de 2009

Encuentros cercanos de la clase divina (parte 2)

en algun lugar del ciberespacio... Desde un smartphone Nokia E71¤

El célebre prolífico escritor español César Vidal Manzanares, en su libro testimonial "Recuerdos de un testigo de Jehová" (que leí en el año 1994 aproximadamente) bosqueja algunas de las razones que hacen atractiva las doctrinas de la organización multinacional WatchTower con sede en Nueva York.

A través de una serie de postulados sencillos los TJ ofrecen las "claves" de los misterios acerca de lo que otros vagamente conocemos como Dios. En primer lugar, Dios tiene un nombre personalísimo y ellos te lo dan a conocer. Los TJ saben el futuro por medio de una exhaustiva pero complicada conglomeración de textos bíblicos, que revelan que el fin del mundo está cerca. Llegan a tu puerta, como una especie de periódico a domicilio para recordarte que a este mundo "se lo está llevando el diablo", ¿qué no? basta ver las guerras, crisis económicos, degradación moral, asesinatos, etc etc

Ante tal panorama sólo hay un modo de escapar: unirse a ellos. Se cumple así una de las funciones sociopsicológicas de la religión descritas por Freud:


Hasta el punto en que la sociedad está desamparada respecto de la naturaleza, el miembro individual de la sociedad debe, como adulto, repetir la situación psíquica de la infancia. Toma parte de sus amores y temores infantiles y parte de su hostilidad, que tenía puestos en el padre o la madre, y los transfiere a una figura imaginaria, a Dios.


Sin embargo, ese no fue mi caso, ni yo ni mis hermanos nos "enganchamos" con la sociedad WatchTower, éramos demasiado tolerantes, un tanto humanistas, los escuchábamos de buena manera, hasta que intereses superiores nos alejaron de esa posibilidad de ser miembros del Reino de Jehová. ¿Cuáles eran esos intereses? Jugar fútbol, salir a pasear con los amigos, el flirteo con las chicas, y sí (mmk mmk) probar algunas veces lo que se siente fumar un cigarrillo. En fin, aprender a ser humanos.

Mi próximo encuentro cercano de la clase divina llegaría a mitad de la preparatoria. En una especie de viaje de retorno a mi tradición católica, que resultó efímera. De un sólo día.

viernes, 19 de junio de 2009

MISIÓN CUMPLIDA. In memoriam de Marbella

Porque ¿qué es vuestra vida?
Ciertamente es neblina que se aparece por un poco de tiempo,
y luego se desvanece.
(Santiago 4:14)
Dedico estas palabras a mis hermanos, Cecilia, Juan, Paty y Elizabeth, quienes han sufrido al igual que yo, junto con nuestro padre, la partida de nuestro querida y hermosa madre Marbella, el pasado 6 de junio de 2009. El destino quiso que yo estuviera ahí, cerca de ella en sus últimas horas, queriendo ser fuerte pero siendo débil por dentro al verla sufrir. Por algunos momentos pude recordar las últimas semanas y meses de su vida, en ningún momento dejó de expresar el amor que sentía hacía mí, y sé que el cariño y el amor hacia cada uno de sus hijos fueron intensos.

Quise verte un día más, pero el tiempo se detuvo
Quise darte un beso más, pero tu mirada ya no estaba
Te habías ido, los brazos de la eternidad se abrieron ante ti
Y yo que me quedé aquí, extrañando tu voz
Queriendo cantar junto a ti
Queriendo dormir junto a ti
Anhelando retenerte


Estas semanas sin ella han sido difíciles. Pienso, reflexiono, le doy vueltas a las ideas, hasta que esta noche puedo plasmar un sentir sobre la trascendencia de la vida de una persona como Marbella. Al recordar a mi propia hija, me doy cuenta que todo ser humano tiene la tarea de pasar un legado a otra generación y mi madre lo hizo. De muchas maneras su vida fue exitosa. Hoy que cada uno de nosotros tiene a sus hijos, nos embarga la gran responsabilidad de proveer para ellos sus necesidades emocionales, afectivas, físicas y también espirituales, al menos con la misma intensidad que mi madre lo hizo para nosotros.

Las circunstancias que rodearon la infancia de Marbella la hicieron una mujer fuerte. Abrevó valores y los convirtió en una fuerza motriz que la hizo enfrentar adversidades de manera que nunca huyó de ellas. Ella me transmitió el valor de querer y ser feliz con lo que somos y con lo que tenemos, me enseñó con el ejemplo que todos tenemos la capacidad de perdonar, nunca la vi ni la oí rencorosa, aunque quizás en más de una ocasión tuvo razón para serlo. Me encantaba platicar con ella, una y otra vez sobre los mismos temas, su infancia, sus anécdotas, su vida matrimonial. Sus éxitos y sus fracasos.

En cuestiones de creencias, siempre fue una mujer crédula, pero vivió sus últimos años como una mujer de fe, es decir dio un paso más. Recuerdo haberla animado en alguna ocasión para leer la Biblia, para estudiarla y escudriñarla. Lo hizo poco a poco y pronto me sorprendió, tenía una chispa especial para sacar lecciones y conclusiones del estudio de la Biblia. Era atenta al escuchar las prédicas en la iglesia. Le habló a mucha gente de su fe, de la urgente necesidad de ser cristianos ante la opresión de un mundo que se desvanece. Algunos la escucharon positivamente, otros no, pero dejó amigos y hermanos que también como nosotros lloraron su ausencia.

Tomar lo mejor y seguir adelante, cumplir nuestra tarea, embarcarnos en nuestra propia misión, ese es el reto que tenemos por delante. Sí, fuimos libres de llorarla, de sufrir su partida, seamos libres para recordarla, para pararnos en el camino que ella abrió con determinación y con esfuerzo, y a partir de aquí, decidir dar lo mejor de nosotros a los que nos precederán. Cada uno de sus hijos e hijas, de sus nietos y nietas, su esposo, sus amigos, sus hermanos espirituales, alcemos nuestras miradas para repasar su vida, para que los mejores momentos se queden imborrables en los corazones.

Gracias por tus noches de desvelo, por ser valiente, gracias por luchar. Madre, que las puertas del cielo se abran ampliamente ante ti, que los ángeles te guíen al lugar donde siempre soñaste llegar. Te amamos hoy y siempre.

miércoles, 27 de mayo de 2009

Encuentros cercanos de la clase divina (Parte I)

Recuerdo una infancia feliz, sin complicaciones ni grandes traumas. Mi tiempo transcurría en aprender a jugar los juegos que los niños y niñas de mi calle realizaban cotidianamente. Otra gran porción de mi tiempo se consumía en las clases de mi escuela, a escasos 700 metros de mi casa. La primaria lleva el nombre de Tomás Garrido Canabal, del cuál en ese tiempo no sabía nada, pero posteriormente supe que era considerado por algunos como un gran gobernador, mientras que para otros había sido un enviado del infierno para destruir la fe católica allá por los años 20s en las cálidas tierras de Tabasco. (Recomendación.- Leer: El poder y la gloria, de Graham Greene).


En marzo de 1982, la explosión del Volcán El Chichonal irrumpió en las vidas cotidianas de los habitantes del Sureste mexicano. Nuestra ciudad se localiza a muy pocos kilómetros de este Volcán. Para los niños, en su mundo imaginario, las cenizas eran una especie de nieve que llenaba las calles, y no comprendíamos la angustia de los adultos. Mi tía y muchas vecinas realizaban rezos que solíamos escuchar a lo lejos. El Salmo 91 era recitado con temor y reverencia: El que habita al abrigo del Altísimo, morará bajo la sombra del Omnipotente…


Mi madre era una católica confesa pero poco practicante. No existía presión para nosotros sus hijos de asistir a la misa dominical, pero íbamos un tanto por la presión cultural o social de ver a los vecinos practicar los sacramentos. A los 8 años aproximadamente se dieron las circunstancias para realizar la Primera Comunión, previo aprendizaje de un largo cuestionario que incluía un repaso de los dogmas cristianos y católicos. Las monjas y el catolicismo eran un mundo amable en nuestro entorno parroquial. Disfrutábamos “pasadías”, retiros y una que otra actividad que no recuerdo, pero a mí me costaba un poco de trabajo la confesión, ya que la liturgia no lograba aprendérmela o asimilarla.


Ese pequeño mundo religioso se fue apagando ante la cotidianeidad de un mundo secular. La escuela, los amigos, las novias, los juegos y un montón de compromisos dejaban poco espacio para la práctica religiosa. Entre los 12 años vi llegar a mi casa un libro color verde, era la Traducción del Nuevo Mundo de las Sagradas Escrituras, la Biblia que utilizan los testigos de Jehová. Un tío se había hecho converso al jehovismo, e intentaba dar los primeros pasos para tratar de atraer a nuestra familia. No lo logró en primera instancia, pero ante la característica poco dogmática de nuestra integración católica, nos volvimos amigables con los Testigos, a quienes admiramos en algún sentido al verlos recorrer las calles de nuestra colonia, bajo el insoportable calor del trópico, ofreciéndonos sus publicaciones con títulos bastante sugerentes: “Usted puede vivir para siempre en el Paraíso, en la Tierra”, así como las revistas Atalaya y Despertad.


Dos o tres veces abrí las páginas de esa Biblia, y de algo se estaba seguro cuando cerrabas la tapa de esa edición. Dios tenía un nombre y era Jehová.

viernes, 22 de mayo de 2009

Enrique - LXXIII Aniversario

Un día despúes del nacimiento de José Carlos Becerra, el 22 de mayo de 1936, nace en la ciudad de Macuspana un heroe anónimo. Enrique Domínguez Narváez, luchador social, espíritu indomable, que partió de este mundo en el año 2006, con la paz de haber recorrido el camino de la vida con la fiereza que emanó de su propia generación.

Gustó de la música y llegó a integrar una banda denominada Long Star (así dictaban los cánones de la época). Llegaría a formar una gran familia junto a María Luisa, la mujer que más amó -emulando un poco al Jacob bíblico y su amor por Raquel-. Desde 1988 simpatizó con el movimiento democrático que postuló al Ing. Cuauhtémoc Cárdenas a la Presidencia de la República y al Lic. Andrés Manuel López Obrador para Gobernador de Tabasco.

Como militante activo del Partido de la Revolución Democrática participó en diversas marchas y plantones, para pugnar por reformas políticas y sociales en el estado de Tabasco, donde la hegemonía del PRI avasallaba por completo a la oposición democrática. En una ocasión su entrega y pasión por la causa le costó ir a la cárcel. Tal disposición provenía de su admiración por personajes como el Che Guevara y Fidel Castro. Nunca calló su convicción, aún entre sus compañeros de lucha.

Su espíritu indomable sólo fue suavizado cuando abrazó la fe cristiana en el último tramo de su vida, en parte movido por el amor que profesó a sus hijos Enrique, Carlos y Marisol, así como a la mujer que lo acompañó hasta el último momento de su vida.

Hoy lo recordamos a Enrique Domínguez, tus obras aún hablan entre los tuyos, y quizás también entre otras tantas personas que conociste en tu caminar como aventurero por la vida.

34 años y 6 días


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José Carlos Becerra (Villahermosa, Tabasco; 21 de mayo de 1936 - Brindisi, Italia; 27 de mayo de 1970)

Al serle concedida la beca de la Fundación Guggenheim, a finales de septiembre de 1969 salió para Nueva York y de allí hacia Europa. Se estableció durante seis meses en Londres, donde pudo satisfacer su vocación narrativa escribiendo "Fotografía junto a un tulipán" y siguió trabajando en lo que él consideraba un nuevo libro de poemas y eran en realidad tres libros bien diferenciados: La Venta, Fiestas de inviernos y Cómo retrasar la aparición de las hormigas.

En marzo de 1970, Becerra inició su viaje por el continente. Pasó por Alemania, Francia, recorrió España y en Madrid se reunió con Vicente Alexaindre. Su proyecto era llegar a Grecia y volver a Inglaterra, pues la Universidad de Essex lo había designado profesor invitado.

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Su amor por las letras lo convocó a la región donde primero se definió nuestra cultura, donde el discurso privilegió la belleza y adquirió categoría de arte. Así que viajó en busca de las raíces grecolatinas que prestaban sonoridad a su lenguaje, en pos de los principios y cánones milenarios que anhelaba romper para inaugurar una nueva poética.
Su vocación por la belleza, lo llevó de un paisaje exuberante y tropical a la búsqueda de otro, mítico y mediterráneo.
Emigró, porque sentía el llamado del mar, como dice en su poema Ulises regresa; el desafío verbal, este arranque del alma/ este cuerpo a cuerpo de la noche con la leyenda.
Fue en busca del destino, y su espíritu se unió a la pureza de la luz adriática, que no es filtrada por las ceibas, ni suavizada por la grama feraz de su trópico amado.
El deceso de José Carlos Becerra provocó una onda de dolor irreparable, en ese universo de las letras que ya había sido conmovido y transformado por su poesía.
Personajes como Octavio Paz, José Lezama Lima y Mario Vargas Llosa, habrían de lamentar ese final, injusto en su premura, que canceló la posibilidad de las nuevas percepciones y las distintas miradas que poco a poco nos iba regalando su talento estético.
Otros integrantes de su generación, como José Emilio Pacheco y Gabriel Zaid, reunieron la obra lírica del joven escritor bajo el título El otoño recorre las islas, para expresar su homenaje y disminuir el sentimiento de pérdida.


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La mañana del 29 de mayo, un cable publicado en la tercera página del Excélsior sorprendió con su escueta brutalidad a los amigos de Becerra y sin embargo dejó creer a algunos que podía tratarse de otra persona, pues en la nota se mencionaba que "El arquitecto mexicano Carlos Becerra Ramos murió hoy en un accidente de carretera, en las cercanías de San Vito de los Normandos. Tenía 34 años de edad (sic)".


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