Es el domingo 1 de febrero de 2015, faltan unas seis horas para el Super Bowl XLIX en que se enfrentan Seahawks contra los Patriots y su mariscal Tom Brady. Yo por mi parte decido ir a Casa de Fe, una iglesia nueva en Villahermosa, de la cual no tengo la fecha de creación pero podría ser menos de cinco años de haberse instalado como una opción en el mercado de las religiones de Tabasco, la tierra de Tomás Garrido Canabal, el sagitario rojo que fue enemigo declarado de Dios.
Antes de encaminarme a la avenida Pagés Llergo, frente a los Bisquets Obregón donde se localiza, desayuno unos tacos de cochinita pibil en la avenida Mina cerca de Chedraui. Cerca de las 12:15 del día llego al antiguo Cine Alberto, ahora habilitado como templo de la fe que dirige un rollizo predicador de nombre Roberto Conde, famoso por haber sido uno de los jóvenes que en 2009 mancharon con aceite piezas arqueológicas del Parque Museo La Venta, como parte de un ritual de liberación.
Después de aquel escándalo que tuvo repercusiones en medios locales y nacionales, uno creería que este pastor junto a su compañero José Pablo Mejenes Jasso estarían en bancarrota, pero no. En realidad el caso nunca fue aclarado y mucho menos juzgado por las leyes vigentes que cuidan el patrimonio cultural. La iglesia que los cobijaba a ambos, la Nueva Generación Internacional (NGI) sigue creciendo a un ritmo sin precedente, ayudada por la cobertura de la trasnacional “El Rey Jesús” de Guillermo Maldonado.
No sabemos por qué, pero Roberto Conde abandonó la NGI para fundar Casa de Fe, que ahora se promociona como filial de los ministerios del guatemalteco Cash Luna, a quien el pastor nombra en sus mensajes como “el Apóstol”, así sin nombre, para darle una mayor aura de respeto. Entro al antiguo Cine Alberto y hay mucha gente en el tercero de los servicios dominicales. Hoy es la “fiesta de las primicias” me dice una edecán y me entrega un sobre de diezmos y ofrendas, alguien cerca lo rechaza pero la dama insiste en dárselo: “es para todos, porque es un acto profético”, dice.
Me encamino a la mitad del auditorio alfombrado y con aire acondicionado, las paredes pintadas de azul combinadas con blanco. El escenario está lleno de músicos jóvenes, hombres y mujeres que son diestros para tocar instrumentos y cantar melodías contemporáneas, que sin duda compiten en el mercado digital del iTunes. El servicio religioso comienza a las 12:30 y terminará dos horas después. Mientras transcurren unas tres canciones de contenido espiritual, observo la pantalla gigante que proyecta las letras, mi mente me traslada a las películas que veía en ese lugar durante mi época de preparatoria, donde vi “La guerra de los Roses” con el triunvirato Michael Douglas, Kathleen Turner y Danny DeVito.
Toma el micrófono una dama joven de buen aspecto y vestida con sobriedad, es la esposa del pastor que tras una oración, le pide al staff de medios, que proyecte un video que inicia al apagarse las luces. Deja Vú cinematográfico. El video es corto pero efectivo, editado con precisión para informar que el 8 de febrero será dado a conocer el “Plan Maestro”, una serie de enseñanzas para lograr que el creyente alcance el éxito en sus negocios u objetivos de vida: “la casa de mis sueños”, “que todos conozcan tu nombre Jesús”, se lee en una agenda.
Sin mayores preámbulos, el micrófono es cedido a Roberto Conde, vestido de traje gris y corbata blanca, con el cabello engomado. Si no fuera por el ambiente climatizado, el traje sería innecesario y hasta ridículo en una cultura tabasqueña de vestuario informal, que sólo se rompe en las bodas de la clase media y alta. Su mensaje no es aburrido, ni tampoco pretencioso. Sin embargo, me permito hacer algunos comentarios respecto al mensaje oculto o simbólico detrás de las palabras. El tema que Conde desarrolla se trata de “Poner a Dios en primer lugar” y es la justificación para la entrega de las primicias que se hará al final del servicio, que consiste en entregar a la iglesia “el primer salario íntegro” del 2015. Comienza diciendo que él nunca se aprovecharía ni manipularía a las personas, por lo tanto su mensaje es sincero y para volverlo bíblico menciona la historia de Jacob y Esaú. Leer un pequeño versículo para justificar el sermón de una hora, es una característica de los predicadores carismáticos.
Entre frases chistosas y anécdotas, Roberto Conde va enseñando a su gente la necesidad de dar a Dios el primer lugar, condena la inmoralidad sexual, los placeres del mundo, la gente apática que no va a la iglesia. Este día también es el final de un ayuno de 21 días que hizo toda la iglesia para “buscar el rostro de Dios”. El pastor dice que para él fue “literalmente 21 días con el Espíritu Santo”, que la oración no es una carga, sino un deleite para él. A pesar de esto no se ufana de revelaciones ni se cuelga etiquetas de “apóstol vidente” como muchos en este negocio de la fe.
La gente ha traído a esta reunión, infinidad de botellas de aceite, es el “aceite de la unción” dice Conde, y que después de consagrado no puede ser usado para otras cosas -como cocinar-. Sólo para orar por los enfermos como dice el texto de Santiago, en la Biblia. Supongo que fue este tipo de aceite que el ahora pastor, junto a José Pablo Mejenes, utilizó para rociar las cabezas Olmecas y “sanar” nuestra ciudad del pecado y del vicio.
Antes de terminar su mensaje, el predicador -ya sudado a estas alturas- hace un gesto y sus músicos saben que es hora de subir y acompañarlo con melodías que motivan el cerebro a la rendición. “Ven y toma tu lugar” se escucha una y otra vez, como un mantra repetido hasta que haya una explosión reveladora (o caiga un manto de aburrimiento ¿por qué no?). Roberto Conde levanta oraciones en alta voz: “Oh yo quisiera que vieras lo que estoy viendo”, le dice a la gente que comienza a pasar al frente con un sobre que contiene su primer salario de 2015. “Son casas, son promociones, son milagros”, expresa con voz vibrante. Mientras, yo veo en el pasillo a una joven caminar con dificultad, alguien que después me enteraría fue afectada por un tumor en la cabeza. La gente busca milagros, y los encontrará, de una manera u otra, aunque tenga que justificarlos desde la teología y no en los hechos.
Comienzo a retirarme y pienso que hay que tener mucha fe para seguir como líder a un predicador con el antecedente de Roberto Conde, quizás la misma fe que demanda creer en las historias bíblicas de Jonás y el pez, la apertura del Mar Rojo, etc. El negocio está creciendo y continuará haciéndolo ante la crisis en México, ante la poca educación científica, ante nuestra necesidad psicológica de cosas irracionales que nos liberen de una realidad que asfixia.
































