viernes, 9 de enero de 2015

La puerta de Tannhäuser

He visto relámpagos resplandeciendo en la oscuridad cerca de la entrada de Tannhäuser


En la película Blade Runner (1982), el replicante Roy Batty (Rutger Hauer) agonizando hace una espontánea referencia a una ficticia «Puerta de Tannhäuser» antes de morir. Esta frase se ha convertido ya en una de las más famosas de la historia del cine:


He visto naves de combate en llamas en el hombro de Orión...



Los rebeldes replicantes, en busca de más tiempo de vida, han causado ya la muerte de los creadores de sus órganos. Tres de ellos son ejecutados pronto por el atribulado detective Blade Runner (Harrison Ford), quien parece experimentar algún remordimiento: ¿Ha matado robots o a seres casi-humanos? Pero el último replicante, el más capaz y el más fuerte, Roy, cerca del fin de su ciclo vital y después del aterrador acoso a Deckard por los pasillos y el techo del edificio Bradbury, decide perdonarle la vida mientras pronuncia —con su mano derecha sujeta una paloma— uno de los parlamentos más hermosos y conmovedores de la historia del cine — y que vale la pena repetir otra vez:
He visto cosas que ustedes, humanos, ni se imaginan: naves de ataque incendiándose más allá de los hombros de Orión. He visto rayos C centellando en la oscuridad cerca de la Puerta de Tannhäuser. Todos esos momentos se perderán en el tiempo, como lágrimas en la lluvia. Es hora de morir.
No creemos exagerar si afirmamos que es en ese preciso instante antes de su muerte cuando el último replicante se humaniza. El valor que le da a la vida propia, que se extingue, lo hace apreciar la del humano ya indefenso y exangüe que lo mira como si fuese un semidiós fugaz.
Deckard se preguntará siempre por qué el poderoso replicante le permitió seguir con vida. En compañía de Rachel, a quien enseñó a besar, a amar, a enamorarse de él, huye de la ciudad enferma hacia un destino incierto, aunque ante ellos se abre de pronto un paisaje luminoso. 
(Con información de Revista Replicante) 


martes, 30 de diciembre de 2014

Reflexiones sobre la muerte de Eliud Santinelli


La noticia de la muerte del pastor Eliud Santinelli (1974-2014), sorprendió al amplio espectro de congregaciones cristianas en México que influyó durante su ministerio, en el que estuvo enfocado a compartir sobre la oración, el crecimiento de la iglesia y el avivamiento del Espíritu Santo, entre otros temas. Esta nota triste fue dada a conocer por medio de las redes sociales del Centro Cristiano Libertad que dirigía en Morelia, Michoacán.
Eliud no era un personaje ordinario dentro del círculo evangélico-carismático al que pertenecía. Más bien fue un líder prominente que a su corta edad se abrió paso como uno de los exponentes más notorios de los temas que son fundamentales en estos grupos, principalmente la teología del dominio, entendida también como la capacidad del creyente de vivir una vida victoriosa dentro de un mundo decadente.
Para la gran masa de creyentes carismáticos, el liderazgo es prioritario, pues aunque no se enseña a venerar al evangelista-pastor-apóstol (o cualquier que sea el caso), sí se enseña a imitarlos, pues ellos han sido “llamados” y “equipados”, por lo tanto son ejemplo de que la vida que se enseña en las páginas bíblicas, no es algo ideal sino también posible, convirtiendo su mundo es una especie de Reino de Dios en la tierra.
Es en este contexto, como resulta sorprendente la sinceridad del comunicado de la familia de Santinelli, específicamente de su esposa Edith Quintana, que en una carta firmada y publicada en Facebook, dio a conocer que con fecha 11 de noviembre de 2014, el admirado pastor “se quitó la vida”, tras padecer una larga lucha con estados depresivos, de los cuales al parecer la mayoría de las personas no estaban enteradas.
Trastorno depresivo mayor, trastorno de ansiedad generalizado.
Suicidio causado por los diagnósticos previos

Dada la magnitud de la noticia, y las implicaciones éticas que conlleva, doy a conocer una serie de reflexiones, en el ánimo de que alguno de nuestros lectores pueda sacar algún provecho de tipo aprendizaje sobre los riesgos que son implícitas a las creencias del cristianismo evangélico, pentecostal o carismático.
1. A la muerte por suicidio de Eliud Santinelli, hay que sumarle el caso de Matthew Warren, hijo del famoso predicador Rick Warren, autor del libro “Una Vida con propósito” quien también se quitó la vida en abril de 2013, por las mismas causas atribuidas a la enfermedad depresiva.
Por lo tanto, no debe verse como un caso aislado, ni fortuito, ni tampoco la excepción, sin llegar a ser la regla se trata de casos que no han sido atendidos adecuadamente dentro de la iglesia cristiana. No debe hacerse tampoco una lectura fácil de querer señalar una vida baja en espiritualidad o pecaminosa en ambos casos.
2. Lo que debe entenderse es que la depresión es una enfermedad mental, que es el resultado de una combinación de factores de predisposición genética aunado a factores orgánicos y psicológicos. Cuando una persona se deprime, resulta importante que reciba ayuda de una institución especializada o de un profesional. Existen diferentes alternativas para el tratamiento de la depresión y ha de ser abordada por profesionales de la salud, psiquiatras o psicólogos.
3. La presión a los que son sometidos los pastores, tal vez con una carga excesiva de trabajo, les impide llevar vidas emocionales sanas, desarrollar un estilo de vida equilibrado, pues en la mayoría de los casos se piensa que una “super espiritualidad” va traer consigo todos los remedios a los males que aquejan a la persona.
4. La ausencia de un liderazgo efectivo que le permita a los pastores no sólo rendir cuentas, sino poder abrirse de manera emocional a las luchas que viven en sus mentes o en sus cuerpos, como puede ser el ataque de una enfermedad de este tipo.
5. La importancia de desarrollar y madurar los liderazgos, pues es sabido que en los círculos carismáticos abunda la improvisación, la ausencia de preparación académica y ministerial, que muchas veces se menosprecia en aras de una supuesta “amistad con el Espíritu Santo” que no es más que autocomplacencia disfrazada de jergas religiosas.
6. A la fecha no conozco a ningún pastor que haya hecho una reflexión sobre el caso, ni siquiera para poder sacar lo bueno que pueda derivarse de las enseñanzas de un hombre que como dicen sus colaboradores cercanos “sirvió a su generación” y que lamentablemente fue víctima de una enfermedad mental mal atendida.
He escrito lo anterior sin el ánimo de ofender a nadie en el ámbito personal, pero sí para generar por lo menos una idea de reflexión de los peligros de los excesos religiosos en la sociedad contemporánea. Una mente sana no es solamente aquella que se aprende versículos bíblicos para recitar de memoria, ni una persona que se pasa horas en oración para evitar las tentaciones.
Una menta sana es aquella que tiene la capacidad de equilibrar los momentos de tensión en la vida y darles una salida adecuada, en el entendimiento que somos seres humanos falibles, corregibles, pero que a fin de cuentas, con espiritualidad o sin ella, todos somos dignos de respeto y de comprensión, pues el “aquí y ahora” es lo único válido si queremos cambiar nuestro entorno.

Como dice el salmista “Porque en la muerte no hay memoria de ti: ¿Quién te loará en el sepulcro?” o el Eclesiastés: “Hay ESPERANZA para todo aquel que está entre los vivos; porque mejor es PERRO VIVO que LEÓN MUERTO”.

Actualizado (02/02/2015):
Por petición de un lector de este blog, subo la foto de la carta donde la esposa del pastor da a conocer parte de los hechos.



lunes, 3 de noviembre de 2014

Visita al campo santo

Panteón central de Villahermosa, Tabasco
Domingo 2 de Noviembre de 2014




Una tumba de 1900


Una tumba adventista del séptimo día

La tumba de Chico Che 








martes, 7 de octubre de 2014

Juchimán, ídolo Olmeca







El Juchimán es una figura antropomorfa sentada en forma de Buda que mide 1.73 metros y pesa siete toneladas aproximadamente. El monolito fue sacado en 1896 de la selva tabasqueña por don Policarpo Valenzuela, que la trasladó desde el sitio conocido como La Venta, municipio de Huimanguillo, Tabasco hasta la capital Villahermosa, donde fue obsequiado al gobernador Abraham Bandala, que a su vez la donó al naciente Instituto Juárez, simiente de la educación superior en el estado.
El nombre de Juchimán fue popularizado por los estudiantes, se considera que por una referencia al vocablo “Watchman” que significa el “Vigilante”, sin embargo, Rosendo Taracena Padrón y Francisco Gutiérrez Lomasto se refirieron a la figura de roca volcánica como “Ixtitlón, el rey de las aguas negras”, llamado así por el color negro pajizo de los ríos Zanapa y Tonalá que circundan la zona de manglares donde florecieron los Olmecas como cultura madre.
En 1951, el poeta Carlos Pellicer Cámara buscó infructuosamente trasladar a Juchimán a su primer proyecto de Museo ubicado cerca de Plaza de Armas, pero fue encarado por un grupo de estudiantes del Instituto Juárez que defendieron la posesión legítima del monolito. Al construirse la Zona de la Cultura en 1963, Juchimán fue trasladado a la explanada de la rectoría donde estaba expuesto a las inclemencias del tiempo, desde donde fue rescatado por gestiones de Salvador Neme Castillo, según narra Belisario Colorado Jr. en el folleto “Biografía de un ídolo viviente”.
En la actualidad, la pieza original del Juchimán se localiza en el patio del Instituto Juárez -perteneciente a la UJAT- ubicado en la avenida 27 de febrero del centro de Villahermosa. Desde allí en su nicho, rodeado de ilustres personajes tabasqueños como Manuel Sánchez Mármol, sigue cautivando a propios y a extraños, porque como señalara la arqueóloga Beatriz de la Fuente en su libro Los hombres de piedra, “es como un ser poseído de un espíritu extraterrenal; en última instancia, es una magistral figura de piedra dotada por los maestros que lo tallaron de profunda y misteriosa vida interior”.